En julio y agosto Peñíscola se satura: la ciudad vieja se colapsa, los aparcamientos se llenan antes de las 10 h y los precios suben considerablemente. Si puedes elegir, planifica la visita entre septiembre y junio.
El castillo sobre el mar
El castillo de Peñíscola es uno de los más fotogénicos de España, y lo es por una razón geográfica: está construido sobre un promontorio rocoso rodeado de mar por tres lados, conectado a tierra firme solo por un estrecho istmo. La imagen desde la playa norte, con el castillo recortado contra el cielo y el Mediterráneo a sus pies, es la que aparece en casi todos los carteles turísticos de la Comunitat Valenciana.
El edificio actual lo levantaron los Caballeros Templarios a finales del siglo XIII sobre una fortaleza árabe anterior. Cuando la Orden del Temple fue disuelta en 1312, el castillo pasó a la Orden de Montesa. Un siglo después llegó el personaje que marcaría para siempre la historia del lugar.
Pedro de Luna, elegido papa en Aviñón en 1394 con el nombre de Benedicto XIII, fue el último de los papas del Cisma de Occidente que se negó a abdicar. Tras el Concilio de Constanza (1415), que lo depuso y eligió un nuevo pontífice, Pedro de Luna se retiró a Peñíscola con un pequeño séquito y siguió proclamándose papa legítimo hasta su muerte en 1423. Tenía 94 años. Desde entonces se le conoce como el Papa Luna, y el castillo lleva su nombre en la memoria popular.
Pedro de Luna gobernó su papado desde este castillo durante ocho años, rodeado de mar, sin reconocer jamás su destitución.
La ciudad vieja
Dentro de las murallas, la ciudad vieja de Peñíscola es un laberinto de calles estrechas, casas encaladas y rincones con vistas al mar. Se puede recorrer entera en dos horas caminando con calma. La escala es manejable y el trazado invita a perderse: cada callejuela acaba en algún punto con perspectiva sobre el agua o sobre la roca.
Los puntos de interés principales, además del castillo, son la Iglesia de Santa María (siglo XVIII, junto al castillo), la Puerta Falsa (una de las entradas originales a la ciudad amurallada), el Bufador (una grieta en la roca donde el mar entra con fuerza en días de viento) y los distintos miradores desde la muralla. El faro de Peñíscola, al extremo del promontorio, es accesible a pie desde el castillo.
En la ciudad vieja hay muchas tiendas de souvenirs y restaurantes orientados al turismo masivo, especialmente en verano. Fuera de temporada, algunos cierran y el ambiente es completamente diferente: vecinos en las terrazas, calles vacías por la mañana, bares con clientela local.
Playa y entorno natural
Peñíscola tiene dos playas principales. La Playa Norte (también llamada Playa de Peñíscola) se extiende varios kilómetros hacia el norte del promontorio: arena fina, aguas tranquilas y la vista del castillo al fondo. En verano tiene todos los servicios (hamacas, socorristas, duchas). La Playa Sur es más pequeña y protegida, al sur del istmo.
Al sur de Peñíscola, la Sierra de Irta ofrece un contraste total con el turismo de masa de la ciudad: un parque natural costero de 7.700 hectáreas con calas sin acceso en coche, senderos entre monte bajo y acantilados, y prácticamente ningún servicio. Es uno de los últimos tramos de costa mediterránea sin urbanizar de la Comunitat Valenciana. Si vas con tiempo, merece un desvío.
Cómo visitar Peñíscola
El castillo abre normalmente a las 10 h (en temporada alta puede ser antes). La visita dura entre 45 minutos y una hora y media según el ritmo. Es recomendable ir a primera hora: a partir del mediodía en temporada media-alta las colas pueden ser largas.
El aparcamiento en Peñíscola es de pago y en verano se llena rápido. Los grandes aparcamientos están fuera de la ciudad vieja; desde allí hay un breve paseo hasta la puerta de la muralla. En temporada baja aparcar es sencillo.
Desde Onda, la ruta más rápida es por la AP-7 (autopista de peaje) hasta la salida de Peñíscola-Benicarló. Por la N-340 sin peaje se tarda unos 20 minutos más. El trayecto total desde Onda es de unos 95 km.
Cuándo ir
Septiembre y octubre son el momento ideal: el mar sigue caliente, el castillo tiene cola razonable y los restaurantes de la ciudad vieja tienen mesa disponible. La primavera (abril-junio) también funciona muy bien.
En julio y agosto Peñíscola es otro lugar: lleno, ruidoso, con precios de temporada alta y una presión sobre el espacio público que hace la visita cultural bastante más difícil. Si vas en verano, llega antes de las 9 h o espera a la tarde para ver la ciudad vieja con algo menos de gente.
En invierno (noviembre a marzo) el castillo y la ciudad vieja están prácticamente solos. Muchos negocios cierran, pero los que quedan abiertos tienen un ambiente completamente diferente. Es la mejor época para ver la Peñíscola que no aparece en los carteles.