Una ciudad que sobrevivió intacta

Morella tiene unos 2.500 habitantes y murallas que siguen en pie desde la Edad Media. No como ruina ni como postal restaurada: las murallas de casi 2 km de perímetro rodean el casco histórico de manera casi completa, con sus torres, sus puertas medievales y sus caminos de ronda. Dentro, la ciudad funciona: hay bares, tiendas, gente viviendo. Lo que hace especial a Morella es que el tiempo parece haberse portado bien con ella.

El núcleo histórico está encaramado sobre un peñasco de 1.004 metros. En lo más alto, el castillo. Por debajo, en terrazas, las calles empedradas, los arcos que cruzan las callejuelas, la basílica gótica, los palacios medievales. El conjunto está declarado Bien de Interés Cultural y es, sin exageración, uno de los pueblos medievales mejor conservados de España.

Casas tradicionales de Morella con el castillo medieval sobre el peñasco al fondo, casco histórico de Els Ports, Castellón
Las murallas y el castillo, vistos desde el interior del casco. El conjunto declarado Bien de Interés Cultural.

El castillo

La entrada al castillo cuesta en torno a 4–5 euros y merece cada céntimo. El recinto ocupa la cima del peñasco y ofrece vistas de 360 grados sobre Els Ports: las sierras, los barrancos, los pueblos pequeños perdidos entre montañas. En un día claro, mirando al norte desde la cima, se distinguen varios municipios de la provincia de Teruel.

Dentro del recinto hay restos de antiguos edificios, aunque el conjunto ha experimentado numerosas alteraciones a lo largo de los siglos: fue bombardeado durante la guerra de Sucesión (1707), la de la Independencia (1808-14) y las guerras Carlistas (especialmente en 1838-1840).

El acceso sube muy empinado desde el interior de la ciudad; hay que tomárselo con calma.

La cima

El castillo ofrece vistas de 360 grados sobre Els Ports. En un día claro se distinguen pueblos de Teruel al norte.

Silueta de Morella al atardecer, castillo y murallas recortados contra el cielo de Els Ports, Castellón
La silueta inconfundible de Morella al caer la tarde. El castillo en lo alto del peñasco, las murallas bordeando el contorno.

La Basílica de Santa María la Mayor

En el centro del casco histórico, la basílica gótica de Santa María la Mayor es el edificio más importante de Morella. Su construcción tuvo lugar entre los siglos XIV y XVI y el resultado es una mezcla de estilos con una coherencia sorprendente. Los dos portales de la fachada (el de los Apóstoles y el de las Vírgenes) tienen una talla excepcional; el primero, con la magnífica talla de Santa María, es el más elaborado.

En el interior destaca el coro suspendido sobre la nave, del siglo XV, casi plano, accesible por una escalera de caracol en piedra de gran elegancia y una preciosa decoración escultórica. La acústica de la basílica es notable, en especial cuando suena el impresionante órgano del siglo XVIII. La entrada tiene un coste reducido (en torno a 3 euros) y permite acceder también al pequeño museo parroquial, con numerosas obras de arte y preciosas piezas de orfebrería medieval.

Pórtico de los Apóstoles de la Basílica de Santa María la Mayor de Morella, portada gótica de los siglos XIV-XVI, Els Ports
El Pórtico de los Apóstoles, en la fachada de la Basílica de Santa María la Mayor. Una de las portadas góticas más elaboradas de la Comunidad Valenciana.

Gastronomía de Els Ports

El interior de Castellón tiene una despensa que sorprende. Morella es el mejor escaparate de esa gastronomía, y vale la pena planificar la visita con tiempo para sentarse a comer bien.

La trufa negra (Tuber melanosporum) es el producto estrella de la comarca. Els Ports es una de las principales zonas productoras de España, y en los restaurantes de Morella aparece en menús de temporada (sobre todo entre noviembre y marzo). No es barata, pero es el lugar adecuado para probarla sin intermediarios.

Los embutidos morellanos tienen también denominación propia: la longaniza de Pascua, el blanquet, las morcillas de cebolla. Las tiendas del casco histórico venden estos productos envasados para llevar.

Los dolços de Morella (mazapanes, pasteles de almendra, turrones artesanos y, sobre todo, los famosos flaons) completan una oferta de alimentación que hace de la visita bastante más que un simple paseo turístico.

Cómo visitar Morella

El casco histórico es completamente peatonal. Los aparcamientos están fuera de las murallas, junto a las puertas principales (la Puerta de San Miguel y la Puerta de Forcall son las más accesibles en coche). Desde el aparcamiento hasta el centro hay pocos minutos a pie.

Un itinerario cómodo para el día: llegar a media mañana, subir al castillo antes de las 12 h (hay menos gente y la luz es buena), comer en uno de los restaurantes del casco histórico, recorrer la basílica y las calles por la tarde, y volver a Onda antes de que oscurezca. Si quieres ver también las murallas desde fuera y rodear el peñasco, suma una hora más.

El mercado semanal se celebra los domingos por la mañana en la plaza principal (C/. Blasco de Alagón). Si coincides, es una buena oportunidad para ver el pueblo en su funcionamiento cotidiano y comprar productos locales directamente.

Morella, Castellón · ~115 km desde Onda por la CV-10 y N-232 Ver en Google Maps →

Cuándo ir

Morella funciona bien en cualquier época, pero primavera y otoño son el momento ideal: temperaturas agradables, luz buena para fotografiar y menos saturación que en agosto. El invierno es frío (por encima de los 1.000 metros) pero el pueblo con nieve es espectacular.

Morella nevada en invierno, murallas y castillo cubiertos de nieve, Els Ports, Castellón
Morella en invierno. Con nieve y el pueblo casi vacío, es otro lugar.

En agosto se celebran las fiestas principales, con toros y actuaciones de todo tipo. Atrae mucho público y los precios de restaurantes y alojamientos suben. En septiembre se celebra la feria ganadera anual, establecida en 1239. El evento más importante de la ciudad es el Sexenni, una celebración religiosa y festiva que se repite cada seis años: una semana de desfiles y procesiones donde las danzas de los torneros no tienen igual, representaciones teatrales y actos que llenan el pueblo hasta los límites de su capacidad.