Un pueblo pintado de dentro afuera
Fanzara tiene unos 300 habitantes, una plaza con iglesia y calles estrechas como las de cualquier pueblo de interior. Nada hace pensar que vas a encontrar allí más de 160 murales firmados por algunos de los artistas de arte urbano más reconocidos de Europa. Y sin embargo, desde 2014, cada fachada disponible se ha convertido en un lienzo, el lavadero público del siglo XIX tiene intervenciones de artistas internacionales, el colegio tiene pintura hasta el tejado, y las callejuelas conducen de una pieza a otra sin que te des cuenta de que llevas ya dos horas dando vueltas.
El MIAU (Museo Inacabado de Arte Urbano) es lo que sale cuando una comunidad decide que tiene más que ganar apostando por el arte que por los conflictos. El nombre lo dice todo: inacabado porque nunca da por cerrada su colección. Cada año llegan nuevos artistas, algunas piezas anteriores se renuevan o sustituyen, y el pueblo sigue cambiando de piel.
MIAU: Museo Inacabado de Arte Urbano. Inacabado porque el pueblo nunca deja de pintar. Y sí, lo de llamarlo MIAU también tiene su gracia.
Cómo empezó todo: el conflicto, la división y el arte
La historia del MIAU no empieza con arte. Empieza con una propuesta de planta de tratamiento de residuos tóxicos que llegó al Ayuntamiento de Fanzara entre 2005 y 2011. La planta dividió al pueblo en dos: los que querían el empleo y los que rechazaban los riesgos para la salud y el territorio. El enfrentamiento fue tan prolongado que familias enteras dejaron de hablarse, amistades de toda la vida se rompieron y la convivencia se volvió imposible.
Cuando cambió el gobierno local y el proyecto de la planta quedó aparcado, el nuevo equipo municipal buscó una forma de que la gente volviera a saludarse en la calle. Contactaron con el ilustrador Julián Arranz, vecino del pueblo, y con el muralista Miguel Abellán "Pincho". En septiembre de 2014 llegaron a Fanzara 21 artistas. Pintaron durante varios días. Los vecinos que días antes se ignoraban cocinaron juntos para los artistas, les abrieron sus patios y pintaron codo con codo. Lo que el conflicto había roto, el arte lo empezó a coser.
La primera edición del MIAU fue un experimento. Lo que nadie esperaba es que se convirtiera en una referencia internacional del arte urbano, con cobertura en medios como The Guardian y la BBC, y con una lista de espera de artistas de todo el mundo que quieren dejar su firma en sus paredes.
Qué ver: murales, artistas y espacios
Con más de 160 intervenciones repartidas por el casco urbano, orientarse por cuenta propia es parte del plan. En el Consultorio MIAU, en la Plaza de la Iglesia, dan un mapa con la ubicación de todas las piezas. Conviene cogerlo al llegar y hacer el recorrido sin prisa, porque hay murales en patios interiores, en callejones y en rincones que se pasan por alto en una primera vuelta.
Los estilos son muy variados: grandes murales figurativos que ocupan fachadas completas, piezas abstractas y geométricas, trampantojos, instalaciones con materiales físicos y mosaicos de cerámica. Hay nombres que conviene conocer antes de llegar: Escif firma trampantojos que parecen deformar los muros o revelar lo que hay detrás; PichiAvo combina escultura griega clásica con grafiti contemporáneo a escala de fachada; Axel Void pinta retratos fotorrealistas monumentales que miran de frente; Boa Mistura integra tipografía y participación vecinal en el mismo proceso; y Julieta XLF llena fachadas enteras de criaturas híbridas en colores saturados. No todos los murales que ves en fotos siguen ahí: el festival añade piezas nuevas cada año y algunas anteriores se renuevan, lo que hace cada visita diferente a la anterior.
Además de los murales, hay otros puntos de interés en el pueblo: el Castellet de Mazerol, un castillo árabe en lo alto del cerro visible desde la plaza, el lavadero público del siglo XIX con intervenciones artísticas integradas en su estructura, y la iglesia de la Asunción en la plaza central. A pocos minutos en coche están las pozas del río Millars, uno de los destinos de baño más populares del interior de Castellón en verano.
El festival MIAU: primer fin de semana de julio
El MIAU se puede visitar todo el año, pero una vez al año el pueblo se transforma por completo. El festival anual tiene lugar el primer fin de semana de julio, de jueves a domingo (en 2026, del 2 al 5 de julio), y es cuando los artistas llegan a trabajar en directo. Las fachadas se van pintando ante quien pase por allí, hay conciertos, teatro y charlas, y los artistas se alojan en casas de los propios vecinos. Es un modelo que en muy pocos festivales del mundo funciona así.
El ambiente del festival es completamente diferente al de una visita convencional: el pueblo está en plena actividad, los artistas trabajan en la calle y el proceso de creación es tan interesante como el resultado. Si puedes coincidir, merece la pena planificarlo. La edición de 2025 fue la novena, y se organizó con financiación propia después de que las subvenciones de la Diputación y la Generalitat desaparecieran por completo. Los artistas y los vecinos la sacaron adelante igualmente. Esa actitud forma parte del espíritu del MIAU.
Cómo visitar el MIAU
El museo está en la calle. No hay taquilla, no hay horario, no hay entrada. Puedes llegar cualquier día del año a cualquier hora y recorrer los murales por tu cuenta. El único punto de referencia es el Consultorio MIAU en la Plaza de la Iglesia, donde tienen mapas con la localización de todas las piezas y una pequeña tienda de merchandising del proyecto.
Si prefieres una visita guiada, se organizan los domingos a las 11:00 h con un guía que explica la historia del MIAU, el origen de cada pieza y el contexto de los artistas. El precio es de 10 euros para adultos y 5 euros para menores de 12 años. Para grupos de más de 20 personas se pueden reservar visitas entre semana escribiendo a [email protected].
Cuenta con al menos dos horas para un recorrido cómodo. Si quieres ver el pueblo entero con detalle, incluidos los patios y los rincones menos evidentes, tres horas o más. Hay aparcamiento en las entradas del pueblo; el casco histórico es peatonal pero accesible a pie desde los aparcamientos en pocos minutos.
Fuera del festival el pueblo es tranquilo y los murales están ahí igual. En muchos sentidos es mejor: sin aglomeraciones, puedes pararte delante de cada pieza sin que nadie te empuje. La luz de primera hora de la mañana o de media tarde es la mejor para fotografiar. Cualquier mes del año funciona.
Dónde comer en Fanzara
El pueblo tiene dos bares: el Bar d'Abajo y el Bar Los Ojales, cocina de pueblo sin pretensiones, que es exactamente lo que corresponde en un sitio así. La Panadería del Quimi merece una parada aunque solo sea para llevarte algo. Si quieres comer bien sentado con más opciones, Onda está a 11 km.
10 minutos separan el MIAU de tu alojamiento
Fanzara no tiene hoteles. El pueblo tiene 300 habitantes y la infraestructura turística es mínima: unos pocos bares, el Consultorio MIAU y la propia calle. Quien va al MIAU necesita dormir fuera, y Onda es la opción más cercana con oferta real de alojamiento, restaurantes y servicios.
La CV-194 sale de Onda y llega directa a Fanzara. Son 11 km, unos 10 minutos, y la carretera es cómoda. Puedes hacer el MIAU en una mañana y volver a Onda a comer, o pasar la tarde en el Castillo de las 300 Torres y el casco histórico. Las combinaciones funcionan sin complicaciones.