El taller lleva abierto desde 1984. Cuarenta años en la misma calle, con el mismo oficio. Irene Molina no compra los materiales ya preparados: fabrica sus propias pastas cerámicas y sus propios esmaltes. Los mezcla, los prueba, los ajusta. Cada lote es suyo.

El trabajo tiene dos salidas. Unas piezas las termina ella: esmaltadas, decoradas, al horno. Otras las para a mitad: primera cocción, sin esmaltar, sin pintar. Eso es el bizcochado, y es la parte del trabajo que hace distinto a este taller.

La materia prima de la cerámica decorativa

El bizcochado es la pieza cerámica después de la primera cocción: moldeada, sin esmaltar, porosa, lista para recibir pintura o esmalte. Es la materia prima que usan pintores, decoradores y artesanos de toda la zona para hacer su trabajo.

Irene es la única en Onda que lo produce de forma artesanal. Las fábricas industriales fabrican soporte cerámico en serie, pero el bizcochado artístico hecho a torno o molde, a escala pequeña, con formas irregulares y personalizadas, es otro producto. Aquí es donde entra el taller.

Cuando ves cerámica decorativa pintada a mano en la zona, hay posibilidades de que la pieza en sí saliera de aquí.

Cuatro décadas y tres premios

Tiene certificación oficial de artesanía de la Comunitat Valenciana (DCA nº 598) y tres premios artesanales seguidos: 2017, 2018 y 2019. El horario lo explica mejor que cualquier diploma: de lunes a viernes, mañana y tarde. Sin sábados ni domingos. Un taller de producción, no de exposición.