El convento franciscano que no sobrevivió las Guerras Carlistas
En 1455, la orden franciscana estableció el Convento de Santa Catalina al sur de Onda, en una parcela de huerta fértil regada por el Sonella. El complejo creció con el tiempo: iglesia, claustro, jardín, dependencias para los frailes y un camino de Vía Crucis que subía por la ladera del cerro. Para comunicar la villa con el convento sin depender del vado del río, a lo largo del siglo XVI se construyó el Puente de Sonella, que sigue en pie hoy.
En 1836, durante las Guerras Carlistas, un contingente de voluntarios portugueses al servicio del ejército liberal quemó el edificio. Los franciscanos lo abandonaron. De un convento que había funcionado casi cuatro siglos quedaron en pocas horas las paredes.
El fuego respetó la ermita y la capilla del Calvario. Las ruinas del edificio principal, con sus arcos y los restos de tres plantas, llevan casi dos siglos en pie sin que nadie las haya derribado del todo.
El Calvario: el más antiguo de la provincia
El Calvario de Onda no nació en este lugar. Originalmente estaba instalado al pie del castillo, en el corazón del casco histórico. En 1851, quince años después del incendio, las autoridades locales decidieron trasladarlo a los terrenos del convento arruinado, integrándolo en el paisaje de la ladera y dándole una escala que en el casco histórico no podía tener.
El camino sube en zigzag desde el cementerio hasta la capilla del Calvario, con los retablos cerámicos de las catorce estaciones colocados a lo largo del recorrido. Esos retablos, fabricados entre 1940 y 1960, son el mejor ejemplo de cerámica devocional que Onda produjo en el siglo XX: azulejos pintados a mano con escenas de la Pasión, en el estilo que las fábricas locales dominaban desde hacía generaciones.
La datación del Calvario como el más antiguo de la provincia de Castellón hace referencia a la tradición devocional del conjunto, no a los retablos actuales, que son del siglo XX. La práctica del Vía Crucis en este emplazamiento es anterior al traslado de 1851.
La Ermita de Santa Catalina
La ermita es el edificio que mejor se conserva del conjunto. Tiene acceso libre y funciona como punto de referencia del camino. Su arquitectura es austera: muros de mampostería, vanos pequeños, una sola nave. No hay ornamentación llamativa. Lo que tiene es contexto: estar dentro significa estar rodeado de las ruinas del convento, con la ladera del Calvario visible por la puerta y el Sonella abajo.
Junto a la ermita quedan los restos del edificio conventual principal: una estructura de tres plantas cuyos arcos todavía aguantan. Es el tipo de ruina que en otros sitios estaría vallada y señalizada como monumento; aquí sigue siendo simplemente un lugar que existe, sin mucho aparato.
La ruta SL-CV 106 y cómo llegar
El conjunto está integrado en la ruta homologada SL-CV 106 (Onda - Coves Gelades - Calvari - Onda), un recorrido circular de dificultad baja que parte del Molí de la Reixa, bordea el cauce del Sonella pasando junto al puente medieval, sube al Calvario y regresa al punto de partida. El tramo desde el cementerio hasta la capilla del Calvario forma parte del mismo itinerario y es el más frecuentado.
Desde el centro de Onda, el conjunto queda a unos 25 minutos a pie siguiendo la avenida hacia el sur hasta alcanzar la Partida Sant Francesc. En coche hay aparcamiento en el acceso. El camino cuenta con bancos, acceso a agua y paneles interpretativos instalados por el Ayuntamiento. El acceso es libre y gratuito. El teléfono de referencia para información es el 964 602 855 (Turismo de Onda).
Qué ver en el conjunto
El recorrido natural empieza en la base del Calvario, desde el cementerio municipal, y sube hasta la capilla. Las catorce estaciones están marcadas con retablos de azulejo: algunos bien conservados, otros con el desgaste propio de setenta años a la intemperie. Arriba, la capilla del Calvario cierra el recorrido.
Desde ahí se puede bajar hacia la ermita y los restos del convento, que quedan a pocos metros. El conjunto completo, incluyendo el paseo hasta el puente de Sonella, se puede visitar en menos de dos horas sin prisas. Es una excursión corta con mucha densidad histórica: un puente del siglo XVI, un convento del siglo XV, un Calvario trasladado en el XIX y unos azulejos del XX, todo en el mismo kilómetro de camino.