La Cantina ocupa uno de los locales bajo los porxos de la Plaza del Almudín, los soportales de sillería gótica que bordean la plaza desde el siglo XV. Sentarse en su terraza es sentarse bajo arcos de más de quinientos años. El interior mantiene muros de piedra, techos altos y suelo de azulejos valencianos que conservan el carácter del edificio original.
El nombre de la plaza viene del árabe *al-mudd*, una unidad de medida para el grano. Aquí se pesaba y vendía la comida de toda la comarca. La Font de Dins, la fuente que da nombre popular al sitio, sigue en pie frente a la terraza, restaurada para preservar su diseño original. Es el tipo de rincón que en muchas ciudades ya no existe.
Merece la pena entrar aunque no vayas a comer. El local tiene varios niveles comunicados por arcos de piedra. El suelo es de azulejos valencianos con motivos botánicos, el tipo que ya casi no se ve en locales en activo. En la pared del fondo, bajo otro arco de sillería, hay un gran mural cerámico con una escena de cosecha: dos mujeres recogiendo tomates con el castillo de Onda al fondo y la inscripción 'ONDA' en la base, en el estilo de las etiquetas de caja de naranjas de principios del siglo XX. Por encima de los arcos, un altillo con barandilla de forja y plantas completa la imagen de casa antigua bien conservada.
La propuesta es de cocina sin pretensiones: tapas, raciones y carnes a la brasa con buena relación calidad-precio. No es un restaurante de carta elaborada, sino de plato honesto y ambiente familiar. Una parada lógica después de una mañana por el casco antiguo.
Fotos: Google Maps
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